20 de septiembre de 2011

- Mancora-Chiclayo 30 de agosto 2011

Tercer día de nuestro viaje y estamos en Máncora. Nos quedamos en el hotel El Delfín Azul, ayer después de comer no tuvimos ánimos de salir a buscar hoteles, este es conocido ya que había estado en un viaje anterior en el. Cumple con los requisitos básicos, limpio y seguro. Además es parte del restaurante donde cenamos, por lo que no tuvimos que hacer mucho esfuerzo para llegar a las habitaciones.

Máncora es un pueblo pequeño de la costa Peruana, es muy dinámico en lo referente a turismo, llegan a el visitantes de muchos países del mundo. Aquí se practica el surf y otros deportes acuáticos. Es sitio de vacaciones de muchos Ecuatorianos por lo cercano que resulta llegar desde las provincias del sur de Ecuador. Pueden conocer mas sobre Máncora en www.mancora.com  

Vista de la calle principal de Máncora

Desde lo alto de cerro saliendo de Máncora y antes de enfilar hacia el desierto
    
Salimos de Máncora a las 8 de la mañana, el día nublado  frío, muy frío diría yo. La verdad que por ser de la costa Venezolana pienso que todas la costas son como las nuestras, calientes y a veces bien calientes. Me sorprende mucho el clima de la costa Peruana, días radiantes de mucho sol  pero con una brisa fría, casi helada.

Una vez que nos internamos en el desierto de Sechura comenzamos a sentir una fuerte brisa desde nuestro lado derecho, fue muy incomodo manejar con la brisa como compañera. Es necesario compensar todo el tiempo para mantener la dirección, pasar camiones y buses se hizo un verdadero desafió, pero al final no queda mas que avanzar. Nuevamente nos sorprendió ver muchas áreas del desierto sembradas, en este caso fue de un tipo de caña llamado caña brava, se usa en la producción de etanol, también vimos interminables sembradíos de arroz. Es increíble ver como se le gana espacio al desierto con  los programas de riego, buen ejemplo.

Kilómetros y kilómetros de desierto frío y ventoso
                                    
Hicimos los primeros 130 km del día y nos detuvimos en Marcavelica a desayunar. Entramos en el restaurante La Perla del Chirá, este es el nombre del río que riega estas tierras. Mientras nos preparaban el desayuno aprovechamos que las cadenas estaban calientes para lubricarlas, lo hacemos cada 1.000 km. El dueño del restaurante, Eduardo Alfaro nos recomendó que no dejemos de pasar por Lambayeque a visitar el Museo del Señor de Sipan. En un principio no estaba en nuestros planes entrar a Lambayeque, nuestro plan del día era llegar hasta Trujillo, pero si alguien del lugar te recomienda un sitio, hay que tomarlo en cuenta y como ya conocía algo sobre el Señor de Sipan, me pareció prudente entrar a Lambayeque.

Tras kilómetros de desierto aparecen estos oasis de vida y desarrollo
                      
Con Eduardo Alfaro, el responsable de haber entrado a Lambayeque. Agradecidos
           
Entramos a Lambayeque y fuimos a conocer el Museo de la Tumbas Reales de Sipan que es el nombre correcto del museo. Este museo muestra en su verdadero esplendor la cultura Chimú que floreció en esta zona paralela a la cultura Inca. Nos explicaron que no se trata de un Señor de Sipan, fueron varios, 5 son los Señores de Sipan conocidos hasta ahora. Yo tuve la oportunidad de conocer parte de la muestra del Señor de Sipan en Quito,  pero ver de cerca la totalidad de la muestra, no tiene nombre. Es impresionante e impacta ver el nivel de desarrollo que adquirieron las diferentes culturas prehispanicas en el Perú. Sus trabajos en orfebrería, cerámica, tejidos, construcción y otros, fueron realmente fabulosos. Contratamos un guía que nos dio una clase magistral sobre la cultura Chimú, valió la pena cada Sol que le pagamos. No esta permitido tomar fotografías dentro del museo, razón por la cual se van a quedar con las ganas de ver lo que vimos. Para que no se queden con las ganas pueden entrar a la pagina www.lambayeque.net , allí pueden ver en detalle sobre la cultura Chimú y la ciudad.

La única foto que nos dejaron tomar
                                              
Valió la pena hacer el cambio en la ruta, gracias a Eduardo Alfaro. Al salir de Lambayeque y debido a la hora decidimos llegar solo a Chiclayo y pernoctar allí. Al final día habíamos recorrido 408 km en un día soleado pero frio, inclusive en el desierto. Llegamos a Chiclayo a las 5,30 de la tarde directo al hotel.

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